Uno de los textos más hermosos y conocidos sobre las apariciones de Jesús resucitado es el de los discípulos de Emaús. San Lucas es quien nos transmite esta tradición y nos regala un relato lleno de matices, con una teología profunda y una actualidad enorme.
En este video reflexionamos sobre el profundo mensaje del Salmo 23, conocido como el salmo del Buen Pastor. A través de sus palabras, encontramos consuelo, esperanza y una guía espiritual que nos recuerda que nunca estamos solos, incluso en los momentos más difíciles. Exploramos el significado de cada versículo, destacando cómo la figura del pastor simboliza el cuidado, la protección y el amor incondicional de Dios hacia sus hijos.
La primera lectura de este segundo domingo de Pascua, en un precioso sumario de la vida de la comunidad primitiva, nos señala las cuatro características fundamentales que definen la existencia cristiana: la enseñanza de los apóstoles, la fracción del pan, la comunión y las oraciones.
Encuentro, testimonio y vida: estas tres palabras podrían resumir el contenido de las tres lecturas que serán proclamadas en este Domingo de Resurrección.
Empezamos por el evangelio: san Juan nos habla de un encuentro de algunos discípulos con el sepulcro vacío de Jesús. María, la primera que lo descubre, no llega a entrar; Simón y el discípulo amado, que llegan después, entran y ven. Juan dice que el discípulo amado creyó. Más tarde, también María creerá cuando se encuentre con el Resucitado, así como el resto de los discípulos y el propio Tomás.
El Domingo de Ramos es el pórtico por el que entramos en la Semana Santa. Entrando en Jerusalén con Jesús, somos llamados a participar en los misterios centrales del cristianismo.
En este vídeo analizamos y recorremos el salmo 51. El conocido salmo Miserere. Este salmo responde al anterior (salmo 50) donde el hombre reconoce su pecado y pide perdón a Dios.
La resurrección de Lázaro: después de los episodios de la samaritana y el ciego de nacimiento, la liturgia del domingo nos presenta un nuevo símbolo bautismal con este precioso episodio en Betania. El agua y la luz dan paso al símbolo de la vida. ¿En qué sentido es un símbolo la vida? En verdad, no se trata de un símbolo, sino de una realidad fundamental de nuestra existencia.
La semana pasada, con la escena de la samaritana, la liturgia nos presentaba un símbolo eminentemente bautismal: el agua. Esta semana, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el símbolo de la luz, pero no dejamos del todo la importancia bautismal del agua.
Si la Cuaresma nos trasporta simbólicamente al desierto, las lecturas de este domingo nos plantean un tema muy adecuado: el agua.
En la historia de Moisés, tenemos un pueblo sediento que no sabe dónde acudir para beber; por ello, se quejan al libertador y este, en nombre de Dios, les abrió un manantial en una peña, en el monte Horeb. En la vida de Jesús, en cambio, sí tenemos un pozo; el que tiene sed, ahora, no es el pueblo, sino el mismo Jesús, que pide de beber a una mujer de Samaría. Entre el Maestro y la mujer se entabla un precioso diálogo por el que Jesús va conduciendo pedagógicamente a la samaritana hacia la sed de un agua nueva, agua que corre, agua viva que solo él puede dar.